Red riding. La corrupción en la ficción televisiva.

Channel 4 es uno de mis canales favoritos. Además de la excelente calidad de las producciones de ficción que nos regala Gran Bretaña, a Channel 4 hay que agradecerle su sordidez y la manera de contar historias sin tapujos ni cuentos de Walt Disney. Ahí están Shameless, Misfits, Dead set, Black Mirror, This is England, The IT crowd o Skins para demostrarlo. Y en este caso como la trilogía Red Riding, basada en los libros de novela negra de David Peace, que trata sobre la corrupción policial en el entorno de una investigación criminal en el norte de Inglaterra, y que se emitió en 2009 en aquel país. En España lo emitió al año siguiente Canal + aunque ha sido una producción que por alguna razón que no entiendo ha pasado desapercibida entre la mayoría.

La trilogía, 1974, 1980 y 1983, por los tres años en los que discurren los capítulos

Cada capítulo está rodado por un director diferente, y resalta entre las tres la primera por su estilo más onírico y el lujo de haberse rodado en 16 mm. El resultado en la dirección me recuerda a The crimsom petal and the white, en los planos detalle, las perlas en la dirección de fotografía y las voces susurrantes (hasta en aquellas alas de cisne), pero además es que cuenta con un guión y un equipo de actores de nivel. El segundo es más clásico y realista pero muy, muy efectivo, y el tercero nos resuelve las diferentes tramas que se quedaron abiertas en las dos primeras historias, y nos redescubre personajes que durante los primeros capítulos pasaron desapercibidos. Poco más quiero contar para no estropearos el visionado.

Primer minuto de 1974, el primer capítulo de Red riding.

Además el casting está plagado de caras conocidas: nuestro admirado (en la ficción) Eddard Stark de Game of thrones, Michelle Dockery y Jim Carter de Downton Abbey, David Morrisey de State of Play, el joven y especial Robert Sheenan de Misfits, Eddie Marsan de Little dorrit y muchos más grandes actores británicos.

Pero lo que me atrae especialmente son los dos temas principales, la corrupción y la muerte, y en el primer caso, el de la corrupción, por ser el tema más manoseado este año en nuestra España querida de mis amores, leré. Haciendo un repaso mental sobre series que tratan de la corrupción me vienen a la mente las norteamericanas Boardwalk Empire, The Shield, The wire y The boss, de los productos británicos recuerdo House of Cards y State of play y de Italia, recientemente comentada en este blog, Romanzo Criminale. De España apenas recuerdo más que la cercana Crematorio, pero poco más. Cada vez que veo una de estas series, pienso, madre mía, y nosotros mientras tanto produciendo “Aquí no hay quien viva”, “Con el culo al aire” y “El barco”. No tenemos nada que ver con ellos, o mejor dicho, por alguna razón que todavía no alcanzo a entender, lo oscuro, lo abyecto, la corrupción y demás temas de este calibre no caen jamás entre los contenidos de ficción de nuestro país (a excepción de Crematorio, y por ser de un canal por cable, por lo que no considero un ejemplo para incluir en mi queja). Es como si en nuestro país tuviéramos alergia a este tema, cuando curiosamente copa la mayoría de los titulares de prensa y muchísimos contenidos televisivos, como Salvados, La Sexta Columna o El equipo de investigación de Antena 3. ¿Qué pasa?, ¿por qué no le podemos dotar a nuestros personajes de ficción estas actitudes, por otro lado, tan arraigadas en la cultura española?.

Cabe destacar los diferentes puntos de vista a través del personaje principal con el que se trata el asunto de la corrupción. En el primer capítulo, en manos de un periodista idealista, joven, inexperto, y enamoradizo que se toma la justicia por su mano (no, no estoy hablando de McNulty, pero casi).

En el segundo episodio en un personaje intachable y convencido que la ley pone a la gente en su lugar, y no puede estar más equivocado el hombre. Como bien sabemos en España la corrupción va unida a la impunidad con la que se comete.

En el tercero, el capítulo revelador de todos los asuntos que estaban coleando, el personaje principal cae en “la culpa”, la característica que solo las personas honradas y gilipollas caemos, o simplemente las gilipollas. Es curioso, si me pongo a pensar en políticos corruptos de nuestro país no veo en ninguno de ellos un ápice de sentimiento de culpa, casi lo contrario, están como vacunados o se sienten por encima del bien y del mal. Empiezo a pensar si ser corrupto es más bien una patología.

Así que dejo esta pregunta abierta, ¿por qué no se escriben series en España sobre la corrupción?. Un amigo, creo, o lo leí en alguna parte, decía que el tema corrupción en España no era tan jugoso, ya que aquí no había asesinatos y muerte en paralelo (tal vez en los Gal es en el único momento histórico en el que se unirían ambos asuntos). Puede que tenga razón. Puede que falte crimen en nuestra corrupción para que pueda ser un asunto de ficción suficientemente interesante para las cadenas. A saber…

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Romanzo criminale. Roma no quiere reyes.

Soy una devoradora de series de ficción incansable. Suelo estar al día de los estrenos en EEUU, Gran Bretaña e incluso algunos otros países como Dinarmarca, Suecia o Israel, y no entiendo como se me ha podido escapar del radar esta serie tan fabulosa, Romanzo Criminale, una producción del 2008 del canal de cable Sky Italia (con 5 millones de abonados, dato fundamental para comprender como han conseguido sacar adelante este proyecto tan poco habitual en las televisones generalistas). Italia vuelve a sorprenderme gratamente, y ya llevan dos. Después de la experiencia con la serie también de canal de cable Fox Italia Boris, con la que pude reírme a pierna suelta de mi profesión y comprobar el sano sentido del humor con el que se burlaba, además de sus miserias en la industria televisiva, de ciertas conductas políticas y sociales en la Italia de hoy, llega a mis manos esta tragedia criminal que se desarrolla en la Roma de los 70.


Corina, la actriz protagonista del culebrón que se rueda en la ficción Boris, se niega a decir que tiene 34 años, y le recuerda al director del culebrón su capacidad de influencia. Producido en Italia, increíble pero cierto. ¿Hemos visto alguna vez esto en España?.

Romanzo Criminale está basada en la novela del Juez Giancarlo de Cataldo que a su vez se insipiró en la verdadera historia de la banda Magliana, ubicada en Roma. En el 2005 se llevó al cine, y posteriormente se realizó esta producción televisiva, que tiene dos temporadas y a día de hoy he visto únicamente la primera.

Una historia sobre una banda de chicos que pasan de ser unos simples rateros a convertirse en los dueños del hampa en Roma, mezclándose con la Camorra, la Mafia y hasta el mismísimo poder del Estado, y ese viaje a lo más alto que a la vez les lleva al borde del abismo. En paralelo un policía con pocas posibilidades de éxito les sigue los pasos, y por encima un Gran Hermano lo vigila todo y propicia el caos y la criminalidad para esconder sus propias trampas. Un drama en medio de la revulsiva historia de Italia en pleno secuestro y asesinato de Aldo Moro, donde acompañamos a esta pandilla a su ascendencia al trono de la criminalidad de Roma en medio de la omnipresente corrupción moral y violencia por doquier.


“Roma no quiere jefes porque ya ha tenido siete reyes y todos han terminado mal”

La investigadora de la UAB, Paula Hernández publicaba en el blog Guión Actualidad un artículo muy acertado en el que comparaba, más bien diferenciaba, esta serie con Los soprano, la banda mafiosa televisiva más famosa hasta hoy. Pero me gustaría añadir otras influencias audiovisuales que he percibido durante el visionado de la primera temporada, la mayoría procedentes del cine sobre mafia:

No he podido evitar acordarme de El Padrino constantemente, en particular en una secuencia en la que se montaba en paralelo un violento ajuste de cuentas a tiro limpio con una boda a la italiana, un homenaje clarísimo a la película, además de miles de referentes más sobre este tipo de criminales, también de origen italiano, sobre las relaciones con la familia, el amor, la amistad, la traición, etc.

Tampoco he podido evitar acordarme de la unida pandilla de chavales de Erase una vez en América (tal vez mi película favorita de todos los tiempos) donde la amistad estaba por encima de todo hasta que la historia acababa con una trágica traición, y compararla con esta banda de diez criminales que comienzan sus primeros robos en grupos de tres, porque son incapaces de fiarse de nadie, muy habitual en Roma, y como acaban unidos por una amistad aparentemente inquebrantable pero que en bastantes ocasiones se corrompe por el desgaste, la ambición humana y el instinto de supervivencia.

El proceso de locura emborrachada de poder del protagonista me evocaba además a Ray Liota en Uno de los nuestros, cuya frase marcaba su personaje, “Nunca traiciones a un amigo y mantén siempre la boca cerrada”, dos elementos también muy presentes en Romanzo Criminale.

Algunos diálogos hilarantes de lo tontísimos que son pero llenos de significado me llevaban también al famoso diálogo sobre hamburguesas del McDonalds de los dos protagonistas de Pulp fiction de Tarantino, o a la conversación sobre los McNuggets entre los soldados de Dee en The wire. En Romanzo Criminale las discusiones giran en torno a la música disco de los 70, amariconada para los más viriles, frente a la música italiana, que también es una moñada pero que para estos malvados matones es el high concept musical. Bastante divertido.

Por último no podía dejar de olvidarme de nuevo de The wire y del comisario McNulty, el cabezota y bocazas policía obsesionado por los capos del narcotráfico de Baltimore. En Romanzo criminale este papel lo soporta el comisario Scialoja. Su trayectoria en la serie es menos representativa y algo más lenta, pero comparte con McNulty como anecdótico, aquella famosa pizarra con las fotos de la trama del crimen, y principalmente que tiene que soportar la cadena de mando y trabajar bajo la sensación de que por mucho que vaya tras los capos nada va a cambiar porque el crimen es impune en la Roma de los 70 y campa a sus anchas.

Y por hacer un poco de patria habría que recordar Cuéntame, por el fantástico trabajo de narración de la historia de una familia en particular en paralelo a los hechos históricos más relevantes de la historia de España. En Romanzo Criminale, la historia de la Italia de los 70-80 está más que presente, y de una forma magistral.

Sinceramente, a partir de este visionado, una de mis series favoritas de todos los tiempos.


“¿Lo veis?- Cada día un canal nuevo. El mundo está cambiando. En el futuro, los crímenes ya no se cometerán con navajas.”

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Inside men (BBC), el hombre que solo buscaba la gloria.

Ayer me di un maratón para ver los 4 episodios de la serie de la BBC Inside men y todavía estoy celebrándolo.

Sinopsis:

“El director, el encargado de seguridad y uno de los transportistas de un depósito de seguridad donde se mueven millones de libras planean durante meses el robo que les permita cumplir con sus soñadas vidas. Ellos son los “hombres de dentro”, ahora necesitarán gente del exterior que permita a estos ciudadanos “normales” llevar a cabo el plan. Las inseguridades de cada uno, los imprevistos y los personajes que les rodean completarán una entrega que se maneja en varias líneas temporales”.

La historia arranca en el presente, el momento del robo, un clásico, donde los tres personajes se muestran como víctimas del robo, para llevarnos después nueve meses atrás donde nos presenta con tiempo y sin prisas a los tres personajes y su rutinaria vida, hasta llegar a la motivación de estos tres tipos corrientes a meterse en semejante follón.

Y ahí empecé a celebrar la serie. El protragonista no era Heisenberg de Breaking bad, ni era el cabronazo político de The boss, y no necesitaba sufrir un cáncer para tirarse al hoyo y vivir esta aventura. No. Al fin una serie que rebusca en otras motivaciones internas que el argumento, excesivamente utilizado últimamente, de que el tipo estaba al borde de la muerte. Somos mucho más primarios. Y este señor lo único que busca es la gloria, dejar de ser por unos días un mierdecilla, que de poco le ha servido hasta ahora.

¡Alegría!, ¡un personaje que no tiene cáncer!, ¡un personaje que no se atiborra de pastillas para avanzar en su vida! (House, The big C, Nurse Jackie, The boss, Homeland, etc (Tengo por ahí pendiente escribir un post sobre esto que quería titular “Pastilleros”)), ¡aleluya!, ¡ya era hora que saliéramos de ahí!

Ahora en serio. No os la perdáis. Fabulosa.

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#PrimaveraValenciana y las RRSS

Lo que en un principio me parecía un fenómeno fabuloso, las redes sociales, razón por la cual me he matriculado en un Postgrado en Social Media en la Universitat de Barcelona, se está convirtiendo en una ardua labor cada día que visito facebook y twitter, para comprobar si lo que alguien afirma y en seguida corre como el rayo, es cierto o no. Pero las redes llevan una velocidad increíble y se propagan como la pólvora mucho antes que alguien afirme o desmienta, y cuando lo hace, queda en un corpúsculo reducido y no recibe la misma repercusión que el twitt o el post inicial y erróneo.

Ayer noche me quedé una hora más en las redes tan solo buscando información sobre dos asuntos y después transmitiendo a mis cercanos el error del dato:

Uno fue este:

Un amigo de mi pareja, fotógrafo, estaba ahí mismo, y el señor no era ciego, y le mangó la porra al poli. Tuve que estar contando la historia por el facebook y twitter a unos cuantos amigos que ya estaban colgando este cartel.

Luego llegó esto:

Una foto preciosa, sin duda, y hoy ha sido leif motiv en la concentración de Valencia. Pero según lo que pude encontrar en los comentarios de periodistas prestigiosos, la foto databa de agosto, y pudiera ser de las revueltas de Chile del año pasado. Además, que yo sepa, en Valencia no tenemos esos semáforos (la foto es en blanco y negro pero se parece más a los semáforos amarillos de EEUU o Latinoamérica que a los nuestros verdosos y menos gordos).

Esta mañana me encontré esta otra, que me la tragué en principio, y de pura casualidad encontré información sobre que se trataba de una foto de un deshaucio en Madrid de hace unos meses:

Encima, pese a todo, pese a que me vi uno por uno todos los vídeos y fotos que se iban colgando en el hashtdag, hoy me encuentro con un twitter desafortunado de un conocido que está a cientos de kilómetros de aquí que venía a decir que aquí nos lo estábamos inventando todo, que no había ocurrido nada, pero montábamos el pollo para crear un problema. ¡Hay que tocarse los cojones! (perdón, estoy un poco cabreada con el mundo). Y es que es cierto que las RRSS se desacreditan de lo furiosas que se ponen en algunas ocasiones, la espuma desborda cualquier asunto. Pero que haya espuma no quiere decir que debajo no haya cerveza.

Cuando te lo ves todo te haces un croquis bastante bueno porque por lo general ves las mismas escenas desde fotografías y cámaras de vídeo desde diferentes ángulos. El señor de rojo, las señoras mayores, una de pelo blanco, la chavala de la mochila de colores, las niñas estampadas contra el coche. Muchas de ellas cuadran y gracias a la diversidad de puntos de vista uno puede afirmar que la imágen es verídica, que están en Xátiva frente a la fnac (calles que conozco, al lado de mi casa), y que les han golpeado indiscriminadamente.

Hace un rato me encuentro con la última vuelta de tuerca. Tras verme el intermedio entro en el hashtdag #PrimaveraValenciana a ver si hay mensajes sobre el programa. Y me encuentro esto:

@Intereconomia
El partido de extrema izquierda,Compromìs, detrás de la #PrimaveraValenciana

http://www.intereconomia.com/noticias-gaceta/sociedad/compromis-detras-primavera-valenciana-20120221

Tela. Pero lo increíble es que en una hora había muchísimos twitts de anónimos que reproducían el titular con alusiones del tipo “ya decía yo…”. He consultado a los aludidos y me lo han explicado en un par de twitts pero tengo la necesidad de tratar de reproducirlo, porque seguramente mañana lo tendremos en los titulares de dos o tres periódicos. El término nació de un artículo del cantautor Pau Alabajos del 18 de febrero en diario Ara, que lo titulaba “Primavera valenciana”, seguramente además en alusión a la “primavera árabe”:

Artículo en el diario Ara

Pero la conspiración judeomasónica sobre los ultras de izquierdas peludos y con barba ya está en marcha. Por si acaso, aquí escribo lo anterior para el que le pueda interesar.

Las RRSS son fabulosas, pero tenemos que ir con cuidado, yo la primera, que horas me cuesta simplemente separar el grano de la paja. Y no soy periodista. Solo una simple curiosa.

Actualización: Pau Alabajos explica con más detalle el asunto del nacimiento del hashtdag y la web

#primaveravalenciana from Dano on Vimeo.

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Divide y vencerás

Acabo de volver de la manifestación en contra de la reforma laboral en Valencia, y mi conclusión es que ha sido un desastre. Entre el meninfotismo valenciano, que había sido convocada un domingo por la mañana, que bastantes nocturnos del sábado se la han perdido por causas evidentes, y el desastre de organización, nos hemos tirado dos horas en la plaza de San Agustín, no tan llena como otras manifestaciones como la de la defensa de los servicios públicos de hace dos semanas, sin movernos. Cuando finalmente se ha puesto en marcha la cola de la manifestación, al llegar a la plaza del Ayuntamiento nos hemos encontrado con algunos amigos que nos informaban que ellos ya estaban de vuelta, que había mucha gente, y que hace media hora que habían llegado al final del recorrido. Incomprensible. Atrás no se movía la marea.

Pero lo que me ha llamado la atención ha sido la división de opiniones, consecuencia de la oleada de mensajes diferentes en medios y redes sociales. Junto a los hastdags de #19f y #19ftomalacalle existían otros que superaban a los anteriores como trending topic: #19FueraSindicatos y #19FueraCCOOUGT. Y es que por una vez algunas secciones del movimiento 15-M e Intereconomía estaban de acuerdo en algo:

@gacetadirecto:
La protesta contra los sindicatos, TT mundial. #19FueraSindicatos #19FueraCCOOUGT http://www.intereconomia.com/noticias-gaceta/politica/internet-se-rebela-protesta-los-sindicatos-20120219

@gaceta_es
El sindicalista de los 181.000 euros encabeza la manifestación de Madrid #19FueraSindicatos #19FueraCCOOUGT

En un momento dado un amigo se ha parado a hablar con unos amigos suyos que pertenecían a CCOO y que estaban enfadadísimos porque un buen grupo de miembros del 15-M estaban parados a mitad de la manifestación acusando a los sindicatos de vendidos.

Mientras, un amigo mío me preguntaba por el wassap: ¿Vas con los sindicatos?.

Miembros del 15-M de Patraix protestan ante la actitud de los sindicatos

Como ciudadana no iba a manifestarme con los sindicatos, ni con el 15-M, iba a protestar en la calle como una ciudadana más en contra de la Reforma laboral, simplemente. Entiendo que cada persona o colectivo lo haga desde su persepectiva, pero mi objetivo no se difumina porque a mi lado vaya un ciudadano del colectivo gay con su bandera, o un sindicalista. Él lucha desde su colectivo, yo desde el mío, pero todos juntos contra lo mismo.

Pero no ha sido así, y me temo que esto no es más que el principio. Como es posible que pronunciara Julio Cesar “divide y vencerás”. Ya ocurrió durante la guerra civil española y parece que no aprendemos de los errores cometidos.

Enhorabuena a Intereconomía y demás medios que han lanzado estas proclamas. Lo han conseguido. Ya no puedo decir que sean grupos de comunicación minoritarios. Realmente su función la realizan con extrema rotundidad.

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Ejpaña, pan y circo.

Mientras el nuevo gobierno se plantea fusionar EFE con RTVE para reducir gastos entre las instituciones públicas, algo que supondrá que todavía más periodistas y técnicos del sector audiovisual vayan a formar parte de las colas del paro (y que perderemos otro medio de comunicación, y por tanto, opciones de pluralidad informativa), nos regalan con la noticia de que los toros volverán a TVE. Es impresionante el argumento que esgrimen (fuente vertele):

“…el PP señalaba que las corridas de toros son la fuente de ingresos de muchas instituciones públicas propietarias de las plazas de toros y recuerda que el número de personas que dedican su actividad laboral al mundo de los toros supera las 180.000 personas y los ingresos del Estado y de las Comunidades Autónomas, por la vía fiscal, son “importantísimos”.

¿Esos 180.000 empleos existen sólo gracias a los derechos televisivos o se han mantenido en cualquier caso?, ¿qué ocurre con los puestos de trabajo que se crean en el audiovisual gracias a la agencia de noticias, o los que se crean con productos como Cuéntame, Isabel o La hora de Jose Mota?, ¿esos puesto de trabajo no importa que se pierdan?.

Además de semejante incongruencia nos encontramos con que nuestros nuevos jefes del país, tan preocupados por la existencia de los matrimonios gays o la ley del aborto, se pasan por el forro el horario infantil y nos ofrecerán a las 6 de la tarde la sanguinolienta imagen de un animal moribundo.

Para más inri resulta que se prefiere emitir un contenido que será visto por poco más de un millón de espectadores (la última vez que una cadena generalista emitió toros fue Tele 5 y no superó el 11,6% de share) a una serie o programa de sketches que ha llegado a los cuatro millones de espectadores.

Y es que Ejpaña no deja de sorprenderme. Unas veces nos llenan de noticias sobre lo importante de reducir costes, mejorar la rentabilidad, o mantener su ética imperante, y otra estas cuestiones no tienen relevancia.

El otro día con motivo de mi artículo sobre la caída de la ficción en las televisiones españolas, un amigo me comentó la razón por la que Antena 3 podría estar retrasando los estrenos de sus series y la producción de otras que estaban en marcha, como El barco, la exitosa serie juvenil que en estos momentos está parada la espera de reanudación. Y el asunto tenía que ver, supuestamente, con la compra de Antena 3 de los derechos de la Fórmula 1. Evidentemente pagar 40 millones de euros por cada temporada de fórmula 1 es una cantidad bastante grande que hace pupa al presupuesto de la cadena privada. En este caso la fórmula 1 es un evento de máxima audiencia, y siempre he tenido claro que una cadena privada no tiene los mismos objetivos que una pública, y los suyos son meramente comerciales. Pero eso no quita que sea lamentable que en nuestro país se esté perdiendo tejido cultural a raudales (teatro, cine, televisión, etc) en favor del circo de masas.

Lo mismo nos pasa con el fútbol, donde los derechos televisivos son fundamentales para la financiación de los equipos de fútbol. Dichos equipos ingresan cada temporada 600 millones de euros de los derechos de las televisiones, un dineral. Y encima con una dudosa rentabilidad.

Ya solo nos falta que plaguemos la parrillas de programas de exhibición de cuerpos femeninos y fomentemos entre las jóvenes españolas que su futuro pasa por ponerse en pelotas en nuestra cadenas, para terminar con la fórmula magistral de la España de pan y circo, con muchas similitudes con la televisión italiana, tal y como nos cuentan en el interesantísimo documental Videocracy, que repasa los contenidos de la televisión en Italia de Berlusconi, para tener un país más pobre culturalmente que nunca.

No me gusta el fútbol, ni los toros, ni la fórmula 1. Y encima soy una profesional del audiovisual. Así que todas estas noticias me entristecen muchísimo.

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Resacón en la tele.

La cuesta de enero del 2012 ha sido la peor que yo recuerde en el sector audiovisual. RTVE ha sido la primera en recibir las amargas noticias, con la medida, puesta en marcha tras la llegada del nuevo gobierno, de una reducción de su presupuesto de 200 millones de euros. Terminando enero le han seguido las televisiones privadas, cuyos ingresos publicitarios han caído un 17% en el mes de enero con respecto a enero del año anterior.

Mientras tanto, Barlovento aclara un dato importante. En el 2011 hemos tenido record de consumo televisivo, 239 minutos, aunque nos insisten en la atomización de las audiencias con motivo de la TDT. Pero esta atomización no impide a tres grupos de comunicación, los que conforman la CRTVE, el grupo MEDIASET y los recientemente unidos grupos de LA SEXTA y ANTENA 3, poseer la mayor parte de las audiencias.

Datos enero 2011:

La 1: 14,2%
La 2: 2,8%
Clan: 2,5%
Teledeporte: 0,6%
24h: 0,9%
TOTAL RTVE: 21,1%

Tele 5: 13,8%
Cuatro: 6,0%
FDF-T5: 2,6%
La siete: 1,4%
Boing: 1,3%
Divinity: 1,2%
Energy: 0,7%
TOTAL GRUPO MEDIASET: 26,9%

Antena 3: 12,4%
Neox: 2,7%
Nitro: 1,5%
Nova: 1,3%
La Sexta: 4,9%
La Sexta 3: 1,5%
La Sexta 2: 0,5%
TOTAL GRUPOS ANTENA 3-LA SEXTA: 24,3%

A priori, tras leer estas cifras, a uno le puede parecer que la crisis tampoco es tan grave. Tres cuartas partes de la tarta está en manos de tres grupos bastante equilibradamente, y encima una de ellas es nuestra televisión pública. Estos datos se asemejan a las audiencias de los años 90, eso sí, divididas en múltiples canales. Y es que ahí está el problema, señores. Mientras que antes de la TDT con un canal por grupo de comunicación se obtenían estos resultados, ahora se necesitan varios canales para llegar a estos datos. Resulta paradójico que en los tiempos anteriores a la era TDT todos los grupos de comunicación estaban ávidos de conseguir nuevas licencias, que se estaba a favor de la existencia de múltiples canales, y ahora, que han descubierto que para llegar a estas audiencias cuesta un cojón de pato, todos quieren bajar los costes. Yo a esto lo llamo burbuja. La misma burbuja que han vivido otros sectores, la ha experimentado la televisión en España. Todos querían más y más, todos pelearon por la aparición de la TDT, y cuando por fin se ha llevado a cabo, ha resultado ser una sangría. Realmente somos muy torpes. Pero ya no sirve de nada lamentarnos. Hay que tomar medidas.

"TDT. Gracias a todos". "No, que va. A ti, gracias. Has estado genial"

Bien, nos encontramos entonces en febrero del 2012 con una crisis evidente, y tanto el sector público como el privado del audiovisual comienza a tomar sus medidas para dar marcha atrás. La burbuja es un hecho, no podemos abarcar tanto.

En muchas ocasiones envidio a los franceses, su proteccionismo chovinista. Si yo gobernara mi país, Francia, el mejor del mundo y con la mejor producción audiovisual del mundo (hay que contarlo así para creérselo y entrar en el papel) haría exactamente el camino al revés para proteger el sector, le pondría límites a las licencias de la TDT, y no permitiría la reducción de la producción nacional de forma tan dramática. Todos estos canales nuevos están repletos de productos enlatados que provienen de otros mercados, norteamericanos principalmente, y sino son puras reemisiones.

Pero ahora ya no es tiempo de proteccionismo, estamos en el libre mercado, y el Estado de bienestar está desapareciendo poco a poco, y con ello el sentido de ese Estado protector, así que las cadenas privadas hacen lo que tienen que hacer, ajustarse a la crisis. ¿Cómo? Reduciendo sus costes. Empecemos entonces…

Analicemos las audiencias de ayer mismo (en primetime):

Antena 3: Toledo: 13.1% y 2.430.000 (mínimo)
Tele 5: La Fuga: 10.6% y 2.002.000 (mínimo)
Cuatro: Terra Nova: 10.1% y 2.071.000
La sexta: El Mentalista: 9.2% y 1.902.000

El asunto se pone aún más feo. Resulta que la ficción nacional obtiene prácticamente los mismos datos que la compra de ajena. Y encima cuesta más. Como dijo un directivo de Tele 5 “se ha acabado la fiesta”.

Ya he comentado en el primer párrafo que Tele 5 ha anunciado que se está replanteando la producción de ficción (para qué gastarse tanto si los resultados no son notables, y además con un programa de entretenimiento que cuesta la mitad se rellena más franja horaria y se obtienen igual o mejores datos). Por su lado Antena 3, aunque apuesta por la ficción, ante tan pocos adversarios, se puede permitir dosificarla, como lo demuestra su cajón de productos terminados y no emitidos. Y para más inri TVE, nuestra tele, la de todos, tiene que vérselas con el nuevo ajuste presupuestario, no sin antes tener que lidiar con los medios de comunicación que la acusan de despilfarradora (¿A quién se le ocurrió sacar la noticia del coste por minuto de la ficción de TVE?, ¿es casualidad o forma parte de una campaña de desprestigio?. Y por último ¿Quiénes se benefician de la desaparición de productos de calidad en TVE?. Todas las respuestas en el lado derecho de su cerebro, perdón, en el izquierdo).

Pero hay un pequeño problemita. Y se llama “Ley General de Comunicación Audiovisual” que obliga a las televisiones privadas a invertir el 5% en producción audiovisual de ficción (un 60% en cine y un 40% en series) y a las televisiones públicas el 6% (también repartido entre cine y series). A día de hoy, con esta ley en vigor, TVE no puede dejar de invertir ficción y las cadenas privadas tampoco. Sí que es verdad que pueden elegir invertir el 100% de su 5% o 6% en cine, pero no es lógico. Si las series no son tan rentables como el entretenimiento, el cine lo es aún menos.

"¡Ya voy!". "No hace falta que corras, Wert. Estate tranquilo. No hay prisa"

Así que todavía nos falta comprobar las próximas intervenciones del inefable nuevo Ministro Wert que en los próximos meses nos dará noticias sobre la obligación, o no, de las televisiones de invertir un tanto por ciento en ficción de series, miniseres y cine, y sobre la latosa Ley General de Comunicación audiovisual del 2010 que tan atada tiene a las televisiones privadas. Esta ley tiene pinta de que va a durar poco. Sino tendrán que volverle a abrir las puertas a las series españolas antes de final del 2012.

Así que, lo lamento, pero la resaca aún nos va a durar un poco más. Id sacando los ibuprofenos y gelocatiles que esto va para largo.

Nota: no me quiero extender más, pero quería hablar también del valor de las series en las marcas. Pero casi lo dejo para otro día.

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Salvados solo hay uno.

Cuando se fusionaron La Sexta y Antena 3 unos cuantos amigos opinaban que era el fin de la cadena, que se iba a mimetizar con Antena 3, y que los que seguíamos algunos de sus programas nos íbamos a quedar huerfanitos. Aquí ya manifesté mis dudas porque cuando se saca adelante una marca y se la da una impronta y encima no te va tan mal (con muchos altibajos pero despuntaban algunos productos), quienes la compran generalmente también compran esa marca y lo que significa.

Así que como lo que quedaba de La Sexta en los últimos meses, además del fútbol y la Fórmula 1 que va por otros derroteros, era El Intermedio, Al rojo vivo y el premiado Salvados, eso es lo que se ha quedado, pero multiplicado por mil. ¿Quieres setas?, ¡pues toma setas!.

Estas últimas dos semanas el contenido de la cadena ha sido un no parar de escándalos políticos y económicos (¡coño!, ¡ahora que caigo!, ¡Tele 5 a por los escándalos de la prensa rosa, y La Sexta a por los escándalos políticos!). Corrupción en los reportajes de actualidad de los viernes (La sexta columna), corrupción en Salvados (las ayudas del campo, los bancos, Urdangarín, la semana que viene Matas), en El Intermedio (que siempre ha tocado con humor los escándalos políticos), pero ahora también en sus series (que por cierto, celebro, porque me encantó Crematorio cuando la vi en su momento). Con la llegada de Crematorio a la rejilla las discusiones en casa por el mando están mucho más claras, como deben pretender los jefes de La Sexta (que osada soy), pensando como piensan, o pensamos, en la fragmentación de las audiencias y la distribución de targets para sus canales (Neox para jóvenos, Nova para damas, y ahora La Sexta para los preocupados por la corrupción, que según la última encuesta, del CIS son un 12,3%).

"Cari, ¿qué ponen hoy en la tele?".  "En Tele 5 el escándalo de La Pantoja y en La Sexta el de la Comunidad Valenciana".

Así que el productor que esté pensando en llevar un formato a La sexta que no tenga duda que debería desarrollar un formato concurso de como llevárselo muerto sin ser pillado por Hacienda, que podría titularse, por ejemplo, “Atraca un millón”. También debería pensar en desarrollar un coaching al estilo Pedro García Aguado, pero en vez de con adolescentes con problemas, con políticos recién salidos de la cárcel o del juzgado por fraude o prevaricación, y que bien podría titularse “Quien la hace la paga”, y también algún debate al estilo La noria para desarrollar semejantes escandalazos, como bien decía ayer un twittero:

“Lo que más me jode de la televisión española es que Gran Hermano tiene un debate y Salvados no”.

Llevo un tiempo siendo fan de algunos programas de la cadena, pero empiezo a pensar si no se está estirando demasiado la joya de la corona (vamos a tener no solo un Jordi Évole, sino toda la rejilla) o incluso si no se está perdiendo la esencia, que hasta ahora iba sumada a que las cosas estaban hechas con mucha exquisitez, a cambio de la inmediatez de la comida rápida (el reportaje, cuánta más acumulación de escándalos mejor, venga, mételo todo, que tiene que quedar un bombazo). Pero es que los que vemos La Sexta queremos profundidad, no sensacionalismo (tampoco es que uno busque Informe Semanal, ¿eh?).

Cuando veo La sexta columna pienso, que tema más ambicioso, cuantos subtemas que tocan y pasan por encima, pero además empiezo a perderme y acabo con una sensación de haber visto La noria pero en vez sobre la escandalosa vida de “La princesa del pueblo”, sobre la escandalosa vida de no se que político que además quería putas rumanas y con carrera universitaria. Sin embargo cuando veo a un Jordi Évole tratar un tema me deleita con el asunto, me da mil detalles pero bien contados, me enseña cosas que no sabía, opina, dispara y sorprende, con un equipo de realización que te empaqueta el programa como si se tratara de un documental, y con un tempo que te deja digerir y respirar los contenidos. Y sobre todo, con la magia de sus entrevistas.

Un exjefe mío siempre dice que no hay tendencias en televisión, que hay alguien que acierta y otros siguen su estela. Tal vez en este caso le tenga que dar la razón. Pero es que Salvados solo hay uno.

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RTVV és de tots.

Tras el éxito de la manifestación de ayer en la Generalitat Valenciana, en la que salió a la calle más de 200.000 personas en defensa de los servicios públicos, como la sanidad, la educación y una televsión pública de calidad, y contra el recorte de los mismos, quiero dar otro apunte sobre la responsabilidad de informar y su dificultad, como ejemplo sobre los matices y la importancia de los mismos.

El primero apunte que doy trata sobre el subtexto de una fotografía:

El diario El País, edición valenciana, ilustra hoy la noticia sobre la manifestación de ayer con la siguiente fotografía:

Fíjense en el cartel de la izquierda que dice: "¿Y canal 9? Ni está ni se le espera"

Está muy claro lo que esta imagen nos cuenta, más allá de retratar a una buena cantidad de valencianos manifestándose en las calles, remarca que Canal 9 no está y que la sociedad valenciana no la quiere, porque no se siente representada. Como dice wikipedia, a la que acabo de consultar para escribir esto, los criterios de cualquier fotografía periodística deben basarse en en criterios de objetividad, es decir, “la situación representada en la fotografía es una imagen confiable y cuidadosa que representa los eventos que indica tanto el contenido como el tono”.

Si miramos una foto de Zapatero en La Razón tendrá un gesto endiablado, si la que miramos es la de Rajoy en Público, se le estará cayendo la baba. Que mejor ejemplo del asunto el caso de estos últimos meses en la que los reporteros gráficos mostraron a través de imágenes poco favorecedoras tomadas a los diferentes diputados su rechazo ante las nuevas normas del Congreso.

"Son todo "inshidiash""

Bien. Pero me pregunto: ¿Estaba Canal 9 ayer en la manifestación?

La respuesta es sí. Y por partida doble. Delante de los protagonistas de la foto de El País, junto a un camión que emulaba una unidad móvil, estaban la mayoría de trabajadores de RTVV. Y la verdad es que han sido pocos los medios que han resaltado su asistencia y las verdaderas razones de su presencia. En mi caso me quedo con el artículo de L’informatiu, por resumir mejor que ninguno el sentimiento de los trabajadores:

“…I, si hi hagué una estampa per al record, eixa fou la dels treballadors de Canal 9, que seguiren una furgoneta decorada i rebatejada com a “Unitat mòbil democràtica i plural de Canal 9”. Davant l’ERO que s’aveïna a l’ens públic, centenars d’ells volgueren eixir al carrer per a reivindicar la dignitat de la seua professió i per a denunciar les irregularitats a la gestió de la televisió pública, tot arriscant-se a perdre el seu lloc de treball en els pròxims mesos. Entre ells destacava la presència de diversos afectats pels impagaments de l’ens, com els actors de la -quasi- desapareguda L’alqueria blanca…”

Pero es que, además, “surprise, surprise”, también estaba el canal. A las 9 de la noche en el informativo de Canal 9 se emitía esto (vayan al minuto 7:03):

http://www.rtvv.es/va/informatius/Nt9-edicio_13_634866512.html

Es decir, antes de tiempo Canal 9 ya estaba siendo condenada. Y al día siguiente tras la manifestación también. Como suele ocurrir siempre dentro y fuera de la Comunidad Valenciana.

Obviamente, otra cosa es si Canal 9 cubrió la noticia como debería, y seguramente nadie se sienta del todo satisfecho (los miembros de los sindicatos pensarán que su corte no es el más adecuado, que era corto, los representantes gremiales idem, o a algunos les gustará menos la coletilla de su presentadora cuando dice “las medidas que está obligada a tomar el Govern para paliar la crisis” (cuyo subtexto es “es que no queda otro remedio”)). Es imposible que a todos nos guste como se escribe o se emite una noticia. En canal 9, en El país, en La razón, y en todos y cada uno de los medios. Por eso, por lo general, muchos tratamos de empaparnos de muchas vías y si puede ser de la propia gente de la calle, los que mejor te demuestran que más allá de un corte de 20 segundos hay matices importantísimos.

Porque como dice Jordi Évole, con el que comparto absolutamente su reflexión, “no creo en la objetividad, creo en la honestidad”.

Cuando me informo en un medio tengo bastante claro cuales son los criterios de objetividad de cada uno. Si es un medio de prensa, no me olvido cual es la línea editorial presente en su periódico, ni contra quien dispara en cada de sus líneas. Si es un medio televisivo, lo mismo. No olvidemos que hay un gran lobby, UTECA, especialmente deseosa de que se cierren las televisiones autonómicas y así quedarse con la mayor parte de la tarta publicitaria. Son los primeros que disparan a través de sus televisiones hacia las autonómicas por propio interés. Y los de prensa porque su objetivo es el Gobierno, o bien al que dulcifican, o bien al que constantemente atacan.

Pero repito lo que escribí en el blog ayer, una cosa es criticar la gestión de tal o cual gobierno o administración, y otra bombardear a la opinión pública sobre que lo mejor es cerrarla. El País, con esa foto, está ayudando mucho al gobierno valenciano en que la opinión pública no le importe en absoluto que se cierre RTVV, como ya llevan haciendo muchos medios desde hace años. Si creen que están atacando al Govern es al revés, les están ayudando.

Cualquier persona se llevaría las manos a la cabeza si leyéramos un cartel en una manifestación que dijera “que cierren los colegios públicos. Total, son una basura”, o “que los médicos dejen de curar a los viejos, total, les quedan cuatro días”.

Pues ahí es donde pido más responsabilidad y más honestidad a los periodistas (además precisamente ellos que pertenecen al mismo gremio). No olviden que la sanidad, la educación y los medios de comunicación públicos son de todos. Y RTVV és de tots. Luchemos por ella.

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Que se mueran los feos.

Hoy quiero dedicar un post a los feos, a aquellos ciudadanos que pertenecen a una comunidad autónoma que es catalogada constantemente como el mayor horror del panorama ante cualquier tema que planteásemos: La Comunidad Valenciana. La Comunidad más pecaminosa de todas, la que sale únicamente en los informativos y periódicos por los juicios a sus políticos, por su corrupción, por su deuda deficitaria, por sus obras millonarias y por su costosa fórmula 1.

Arte feo

Arte feo

Son meses especialmente convulsos aquí, este domingo 180.000 personas salieron a la calle en Valencia para apoyar la educación pública, muy dañada; cada mes se amplían los retrasos en los pagos a los proveedores de las empresas públicas; en la radio y en la tele de cualquier medio se escuchan grabaciones sobre caviar y sobre como se quieren un huevo algunos políticos; y se vive bajo la amenaza de ERE en algunas empresas públicas, entre ellas la televisión valenciana, donde tengo todavía el corazón y muchos compañeros a los que respeto y aprecio, de los que he aprendido mucho sobre televisión, sobre su riqueza cultural y lingüística, y donde he trabajado los dos últimos años.

Cada día algún medio, en papel o digital, dedica unas páginas a tan jugosos asuntos, pero en bastantes ocasiones sin separar el grano de la paja. La mayoría de artículos incluyen tópicos como “Canal 9 tiene más trabajadores que Antena 3 y Tele 5 juntas”, “es una tele llena de enchufados”, “despilfarradores”, “es una televisión que debería promover la lengua valenciana, ahora mismo no lo hace”, etc, etc… y que como consecuencia obtiene regueros de comentarios en sus periódicos diciendo “que la cierren ya”, “no sirve para nada”, o “prefiero educación a televisión”. Tan simplista como lamentable. No hay matices. La generalización se ha hecho grande dentro y fuera de la Comunidad Valenciana. La mayoría de periodistas, políticos o ciudadanos de a pie están infectados de estos mensajes, como una plaga que nos hace vivir en el mismísimo The Walkind Dead o en la fantástica película Blidness.

"Sí, soy valenciana, pero no muerdo... Bueno, sí, un poco"

Como sabréis los feos son bastante solitarios. Porque son feos y además están infectados. A nadie fuera de aquí les gusta compararse ni asemejarse con ellos. ¡Puaj!,¡quina vergonya!

Si nos pasamos al terreno político uno puede alucinar muchísimo, tal vez los valencianos sean feos, pero los políticos son monstruosos. Póngase el ejemplo de un tal actor que desde hace poco trabaja al servicio de todos los valencianos y cuyo discurso por el twitter es comentar un vídeo en el que un misil bombardeaba las instalaciones de Canal 9 con el comentario de “MUY BUENO!!! UNA POSIBLE SOLUCION AL DEFICIT DE CANAL 9″. Sin palabras.

Debería tener más cuidado el guapo actor, porque los feos también tienen una solución al déficit de madurez de políticos/actorcillos mediocres:

Hoy por el twitter se anunciaba que esta tarde iban a hablar en La Ventana de la SER sobre las televisiones autonómicas. Así que he decidido probar a ver si en esta tertulia radiofónica tal vez pudiera escuchar esos matices que me faltan para completar la visión necesaria de “para que sirve una televisión pública autonómica”. Pero ha sido así a medias, más bien poco. Pero algo es algo.

Juliá Alvaro, periodista de Canal 9, y uno de los tertulianos invitados, ha desmontado (¡por fin!, ¡ya era hora!) uno de los primeros topicazos que nos tienen acostumbrados en los medios: “Decir que RTVV tiene más trabajadores que Antena 3 y Tele 5 juntas es relativo, porque ambas cadenas externalizan prácticamente todos sus servicios, hasta los informativos se gestionan con periodistas de la Agencia Atlas”. Efectivamente, quien se crea que toda la parrilla de Tele 5 se hace con 300 trabajadores es que sabe poco o nada de televisión. Solamente el programa Gran Hermano mueve a doscientos trabajadores (y os lo cuenta quien fue la Directora de Producción del programa en la primera y segunda temporada), y esto solo ocupa la rejilla del prime time del jueves y la del prime time del debate. Lo único que se modifica en la masa de empleo que genera un canal de televisión es el modelo. En el caso de las televisiones privadas, mediante subcontrataciones a productoras y agencias de prácticamente la mayoría de productos.

He escuchado otros argumentos en defensa de las televisiones públicas autonómicas, como el caso de un periodista de Canal Sur, que se preguntaba “quién iba a hablar de los pescadores de Barbate, por ejemplo, si no lo hace Canal Sur”. Me he sentido complacida y automáticamente he pensado en los llauraors de Lliria (como bien me apuntaba un compañero el otro día). Quién hablará de ellos cuando hayamos muerto si dejase de existir el programa de canal 9 “De temporada”… Eso es, me está gustando. Vamos bien.

El mismo periodista ha lanzado dos de las grandes verdades de este conflicto:

- “Una cosa es cuestionar la gestión de las televisiones públicas, y otra muy diferente cuestionar su necesidad como servicio público”.

- “Una empresa pública no tiene q ser rentable, tiene q ser útil”.

¡Bravo! Estaba a punto de enmarcar el programa, tras estas tres declaraciones la mayoría de feos de la Comunidad Valenciana comenzaban a ser un poco más guapos, más altos, más dignos. Casi lo estaban consiguiendo, pero pronto se torció y empezó a llenarse de mensajes infectados “para los feos”:

Una periodista de ETB afirmaba (tras hablar el periodista valenciano): “No se lo que harán otras televisiones, pero nuestra televisión sí tiene sentido, porque hablamos de Euskadi. Y es que, por ejemplo, en TVE no se dedica tiempo a hablar de Euskadi. Nosotros sí lo hacemos”.

Para continuar la línea de “hay teles y teles” o “hay guapos y feos”, la propia Gemma Nierga afirmaba que efectivamente, según su opinión, algunas televisiones autonómicas sí tenían sentido, probablemente las que nacieron las primeras y las que tienen lengua propia, como son la vasca, la catalana y la gallega. Curiosamente no mencionó la valenciana.

Empecé a entender el mensaje. No iban a dejar que los feos se salieran con la suya. Todavía hay castas. La periodista de ETB ya lo había dejado claro en otro comentario en el que defendía la televisión de Euskadi por encima de las demás porque tanto ésta como la catalana tenían más caché (ella misma unió el ejemplo catalán al vasco), aunque creo que ella y Gemma olvidaron varios asuntos. En primer lugar, que Canal 9 también es una de las primeras televisiones autonómicas que nació hace más de 20 años, en segundo, que tiene también como objetivo promover y proteger su lengua propia, y por último, que es la televisión del País Valenciá. Pero la guerra de a ver quién la tiene más grande estaba servida.

También Paco Lobatón hizo uso de la comparación con los feos. Según él en la Comunidad Valenciana hay 5 televisiones, y en Andalucía “solo” tres. Que yo sepa, y he trabajado en RTVV, la televisión pública autonómica valenciana tiene Canal 9, Nou Dos, y Nou 24. Es decir, tres. No cinco. Seguramente cuando dijo 5 se refería a levante tv y las provincias tv, ambas televisiones privadas. Tampoco mencionó los múltiples canales locales que hay por Andalucía. Es decir, opinaba sin igualdad de condiciones. Pero el asunto no era ese. Era, como siempre, remarcar quienes son los feos, quienes son los que hacen, por ejemplo, programas como Tómbola al que no se evitó recordar (anda que no hace años que no se hace ese programa, y cuántas cosas se han hecho nuevas y variadas desde entonces), y quienes estaban infectados y eran ciudadanos de segunda, con menos derechos a proteger y divulgar su cultura, probablemente para ellos, menor. La cultura de los feos, los negros de aquí.

Tal vez ser una ciudadana del mundo, que ha dedicado 18 años de profesión a recorrer la geografía española y haber trabajado no solo para Tele 5, Antena 3 o TVE, sino también para ETB, para TVG, para Canal sur, para Telemadrid y para la propia Canal 9, me hace sentir que nadie es más o menos. Cada televisión autonómica cumple una función incuestionable de cohesión, divulgación e información en cada territorio. Otra cosa es que haya trayectorias más afortunadas y exitosas que otras.

Nadie dice que se hayan hecho las cosas bien en la Comunidad Valenciana, ni mucho menos. Pero sí tengo la necesidad de pedir a los medios, a los periodistas que tienen la responsabilidad de informar a la sociedad con el mayor rigor posible como son las cosas, con sus luces y sus sombras, y con todos los matices posibles, cuantos más mejor, que lo hagan, pero a conciencia. Porque teóricamente para eso están los medios, para ayudar a reflexionar a los ciudadanos. Tienen una responsabilidad que cumplir como medio de información que meramente ensuciar la opinión pública y confundir a la sociedad. Solo pido un poco de dignidad hacia los feos. Porque detrás del titular de un ERE en Canal 9, hay cientos, miles de familias sufriendo.

Precisamente esta última reflexión me reafirma sobre la importancia de las televisiones públicas autonómicas, estén donde estén. Precisamente para que tengan cabida las historias de los feos, las de los que no son habitualmente objetivo de los titulares de tirada nacional, de mis amigos, la gente que de verdad me importa. Si no sólo escucharemos hablar de LLiria no por su excelente huerta, sino por algún caso de violencia de género que sí será de interés para el resto de televisiones. Los guapos, además, ya llenan el papel maché, los sálvames, la alfombra roja, y los contenidos de las televisiones generalistas, públicas y privadas.

Recomendaría por tanto a estos periodistas (y a bastantes políticos) que escriben o hablan sobre las televisiones autonómicas que se empapen un poco más de sus contenidos, para comprobar que en la CV no solo hay corruptos y despilfarradores, sino también labradores enamorados de su tierra, escritores, músicos, tenderos, actores, cocineros, empresarios, autónomos, amas de casa, parados, incluso periodistas deseosos de contar las maravillas de su tierra, y así conocer mejor su diversidad, sus costumbres, su riqueza o su deliciosa gastronomía; y que en Canal 9 no hay únicamente programas como el Nou Debat, sino que hay espacios dedicados a la huerta, al medio ambiente, al interiorismo, a la lengua, a la gastronomía, a la diferencia entre pueblos vecinos, a la previsión metereológica local, al deporte local y a muchísimas cosas más que seguramente la mayoría de periodistas ni ven ni verán. Para conseguir que tal vez la sociedad entera dejase de ver a los valencianos como los más feos de esta sociedad en la que vivimos. Porque no se si lo sabrán, pero esta gente es bellísima. Solo se necesita un poco de esfuerzo por ver más allá de un titular y de tu propio ombligo e interés.

Si estuviéramos en EEUU a los feos les llamaríamos afroamericanos, no niggers. Y los feos, para su información, tienen un arte especial para las conquistas. A mi me han conquistado. Dignidad para los feos, por favor.

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